En mayo de 2016 llegó un nuevo director técnico al Club Bolívar, el español Beñat San José. Llegó con mucho entusiasmo, y con un proceso en mente, quiso dejar atrás el no muy grato recuerdo de Eduardo Villegas y Rubén Darío Insúa.
Los buenos resultados llegaron casi de inmediato, exceptuando el precoz debut en la Copa Sudamericana, en que Bolívar quedó afuera en primera fase, contra el equipo que terminaría saliendo subcampeón (debido a la tragedia de Chapecoense).
Mientras, en un torneo local (Torneo Apertura 2016), los celestes mostraron un fútbol sólido y mantuvieron la primera posición en 18 de las 22 fechas. De estos 22 partidos, Bolívar perdió solamente tres y ninguno por diferencia mayor a un gol. Es decir, Bolívar hizo una campaña admirable. Pero para hacer el torneo interesante el club paceño tuvo que jugar el último partido en una cancha donde nunca había ganado, en Warnes, contra Sport Boys. A Bolívar le alcanzaba un empate. Esa tarde pasó de todo: Sport Boys se puso en ventaja dos veces, Bolívar lo empató dos veces, mas cuando todo parecía celeste, pasado el minuto 90 llegó el fútbol y el rival ganó el partido, destruyendo el proceso y una campaña casi perfecta. Anticipadamente perdido el torneo en las mentes de los jugadores, días después se jugó el desempate contra el clásico rival, en el que por motivos fáciles de entender éste llegó psicológicamente mejor y se coronó campeón.
El siguiente torneo, Bolívar jugó tan bien que fue simplemente un trámite. Salió campeón intentando enterrar el mal recuerdo. Salió campeón sin despeinarse. Salió campeón con un proceso, con nueve puntos de ventaja sobre su eterno rival y ganándole 7:2 en el global. Pero como los procesos no son noticia, no interesan, no se perciben, poco importó y poco se disfrutó.
Como Bolívar no perdía, o perdía poco y se consagraba campeón con varios partidos de anticipación, los quejicas empezaron a buscar tragedias en el funcionamiento del equipo. No tardaron en encontrarlas: "Gana pero no gusta”; "defiende el 1:0”. El equipo de Beñat había logrado algo muy poco frecuente en el fútbol boliviano, fútbol de caudillos, fútbol de siempre-los-mismos: fue que nadie extrañó a su último crack y goleador del último torneo, Juan Miguel Callejón, ni a otros buenos jugadores. Todo esto pasó desapercibido y subestimado.
Hace unas semanas Bolívar quedó fuera de la Copa Sudamericana ante la Liga de Quito, en un escenario dèja vu: gol el minuto 93. El partido se fue a penales y los ecuatorianos patearon mejor.
A partir de estos resultados, los inconformes criticaron a Beñat y a su estilo, generando malestar en un equipo que ¡es campeón nacional! Se le podría reclamar a un DT por dos derrotas tan importantes, sucedidas en el descuento, pero cualquiera que ha visto fútbol sabe que en la calentura de los últimos minutos el destino del partido depende de los jugadores. Ni el Papa mete los goles de San Lorenzo, ni el DT ataja en el minuto 93.
Apenas empezó el torneo Clausura 2017, Bolívar perdió en su debut y todos los que decían que no juega "bonito” saltaron a decir "teníamos razón”. Como seguidores de un equipo no podemos esperar algo mejor, si no somos algo mejor. Si no podemos pensar a largo plazo, si no podemos apoyar un proceso, no esperemos algo mejor.
Es posible que Beñat San José haya perdido -injustamente- el apoyo de la afición y que eso se traducirá en malos resultados y en la eventual dimisión o despido del técnico. Espero equivocarme atrozmente. Sin embargo, hay luz al final del túnel, para Beñat, para el equipo, para los hinchas, para la sociedad y sobre todo, para el proceso. Esa luz se llama bicampeonato.
Fuente: Página Siete
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